lunes, 17 de noviembre de 2014

En diciembre arrancamos con Tai Chi Kids



¿Qué es Tai Chi Kids?
Es un programa de práctica infantil de Taijiquan basado en una experiencia formativa sin precedentes en el ámbito de la formación marcial a alumnos menores de edad.
¿En qué consiste?
El programa se basa en el estudio, práctica y desarrollo del Taijiquan desde un enfoque pedagógico adaptado al grupo de edad infantil enmarcado entre los 6 y los 9 años.
¿Cómo se estructura?
Partiendo de un programa de contenidos de 5 niveles, se establecen diferentes modelos didácticos integrando el espacio, los materiales y los diferentes procedimientos del sistema, desde sus formas más simples a las más avanzadas. El trabajo corporal, los patrones respiratorios, las fórmulas de concentración y la dinámica marcial aplicada al trabajo entre compañeros garantiza una experiencia formativa dinámica y efectiva en los objetivos fijados al comienzo de la formación.
¿Cuánto dura?
La formación no tiene un tiempo total definido. El alumno que se incorpora al grupo de estudio y práctica aborda los primeros contenidos de nivel para, a partir de ahí y según la adquisición de comprensión y habilidades de cada nivel, ir avanzando a lo largo del programa hasta completarlo.
A lo largo del año, además de las sesiones semanales, los alumnos acceden a un taller monográfico mensual en el que se abordan los conceptos fundamentales del arte desde una perspectiva lúdica, amena, interactiva y efectiva en sus objetivos pedagógicos.
¿Quién lo imparte?
La formación está dirigida por Francisco J. Soriano, Maestro nacional de Taijiquan con una experiencia en formación infantil de más de 25 años. Los monitores que participan en el proyecto pertenecen todos a la línea formativa de nuestra asociación en las ramas del Taijiquan simplificado y Taijiquan tradicional.
¿Qué aporta a los alumnos?
Desde sus estructuras psicomotrices hasta la gestión respiratoria y el trabajo de concentración, todas sus propuestas apuntan en la dirección del equilibrio personal del practicante. La apuesta por un trabajo diferente en el ámbito de las artes marciales chinas nos aproxima a un nuevo concepto de formación marcial integral en la que nada queda fuera de relación. La autodefensa y el equilibrio racional del alumno se integran en un modelo coherente de vida. La filosofía del Taijiquan es la filosofía del equilibrio sin desproporciones, de la paciencia para saber esperar el momento oportuno y de la propia sinceridad que nos evita conflictos interiores.
¿Qué hace falta para empezar?
Presentarse a la sesión de prueba, disfrutarla y decidir si continuamos trabajando en ello. Para la prueba  los alumnos acceden con ropa cómoda (chándal), descalzos o con calcetines. Después pueden optar por utilizar el kimono oficial de la escuela (negro) para disfrutar mejor de la experiencia.
¿Cuándo y dónde empezamos?
El lunes 1 de diciembre en el horario de 17:00 a 18:00 en el Centro Fluxus en C/Paco Miranda 1 (Zona El Ejido).
¿Y si tengo más preguntas?
Escríbenos a malagakungfu@gmail.com y te contestamos lo antes posible.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Convivir

Convivimos y nos adentramos progresivamente durante nuestras vidas, poco a poco, en lo que significa la vida de los otros que nos acompañan. Estamos acompañados y a la vez acompañamos para que la soledad de la vida no sea sino un eco entristecido que nunca llegue a manifestarse.
Esta realidad, estas circunstancias que nos rodean y que amplifican constantemente nuestra conciencia hacia un exterior que también nos concierne es, en muchos casos, uno de los problemas más acentuados a la hora de enfrentarse a la búsqueda del equilibrio y sus luces añadidas.
Decía Martin Luther King que hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces, pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos.
Personalmente creo que el arte de vivir no es sencillo y el convivir, a todas luces, no es fácil. No es fácil y menos aún sin el adecuado enfoque positivo. A veces olvidamos que prácticamente todo lo que nos afecta no es sino un reflejo autoproyectado que nos pone frente a una forma determinada de ver las cosas y no frente a las cosas en sí mismas.
Aquellos que viajan a nuestro lado en el tránsito vital son, igual que nosotros, almas en proceso de construcción. Les afectan las mismas cosas que a nosotros, se complican la vida igual que nosotros y nos miran de la misma forma, o quizá podrían hacerlo, en la que nosotros los miramos. Sin perder de vista esta verdad incuestionable, reflexionar sobre lo que significamos y significan para nosotros estas personas, sin manifestar por nuestra parte sentimientos de apropiación de sus vidas o sin sufrir en nuestro ser esa intención proveniente de ellos, nos facilitará enormemente la tarea de posicionarnos en el espacio equilibrado que nos permita una aproximación, cuando no relación, limpia, productiva, creativa y enriquecedora en nuestro proceso personal de crecimiento.
Todos los seres participamos del fenómeno existencial en diferentes medidas y proporciones, no siempre decididas individualmente, pero de innegables consecuencias para nuestras afirmaciones o negaciones más profundas. La convivencia no es un hándicap para la realización personal, muy por el contrario nos permite ver reflejados en otros seres aquellos aspectos de nuestra propia inconsistencia equilibrada que rechinan excesivamente en nuestra mente. Aquello que no soportamos en otros ha sido previamente no soportado en nuestro interior. Ese rechazo irracional hacia otros, hacia otras culturas, otras tendencias, otros pensamientos, es una prueba recurrente de que nos queda trabajo por hacer.
Cuando esa convivencia se traduce en un nivel de aproximación vital muy acentuado, familia, pareja o entorno laboral, un enfoque incorrecto de lo que procede nos puede llevar a cerrar por completo nuestro universo expansivo para poner a nuestra mente en un bucle de incomprensión y retroalimentación negativa que puede tener consecuencias catastróficas.
Vivir junto a otros sin exigencias, centrados en nuestros procesos profundos y permitiendo la emergencia de todo aquello que nos conecta positivamente con los demás es un buen punto de partida. Aceptar la individualidad de nuestros prójimos, sus características personales, sin más juicios que el que nos hace comprender que están también en su proceso, o no, nos lleva irremediablemente a una calma progresiva en la que la consciencia de nuestro ámbito de acción voluntaria no escapa, en la mayoría de los casos, al área que contiene nuestra piel.
Nuestra progresión humana depende de nuestra aceptación constante, decidida y elaborada de que aquello que está en proceso no debe ser tocado directamente más que por la capacidad de influenciar que tenga nuestra positividad emitida de forma natural, amorosa, sincera y respetuosa con todos los que tienen el mismo derecho a la vida plena que nosotros.

El árbol de la vida está repleto de ramas y todas dan, de una forma u otra, sus frutos en el momento oportuno. Viajar hacia las raíces de nuestra existencia nos exige no interferir negativamente en otros procesos similares al nuestro, nos exige sin miramientos una actitud positiva hacia la vida y hacia el resto de aquellos que voluntariamente se unen a nosotros en nuestro discurrir vital. Este abordaje de la convivencia nos puede permitir un progreso más en esta singladura, reconvirtiendo las tendencias fundamentalistas de nuestro ego en el asombro progresivo de todo lo que todos los que están frente a nosotros tienen que enseñarnos. La vida es un maravilloso proceso de aprendizaje del que todos formamos parte.